Archivo de la categoría: Memoria Oral, Etnografía y Folclore

Los juegos de nuestros mayores

De la novena edición de “Imágenes de un tiempo pasado” del  año 2011, titulada “Una mirada a la infancia”, entresacamos la siguiente información sobre los juegos tradicionales:

Los niños y las niñas, desde la más tierna infancia, solían jugar por separado: “los niños con las niñas huelen a mierda de gallina”, la frase que se inculcaba a los más chicos para que no se juntasen en los juegos y, sólo los más pequeños se unían a las niñas, porque ellas eran las que hacían de madres, encargándose del cuidado de los hermanos menores.
De los juegos de niñas destacamos la soga con sus pegadizas cancioncillas, repetidas alegremente al soco de un patio, en la calle, en las plazas…

“Soy la reina de los mares
y ustedes lo van a ver,
tiro mi pañuelo al agua
y lo vuelvo a recoger.
Pañuelito, pañuelito,
quien te pudiera tener,
dobladito en el bolsillo
como un pliego de papel.
Si la guerra no se acaba,
la culpa la tienes tú,
que andas recorriendo el mundo
con tu pañuelito azul.”
(Fermina Ortega Sánchez, 61 años, 1999)

Entre los juegos de niños sobresalen los que tienen que ver con habilidades manuales; los niños de ayer, con una mirada al entorno, buscaban entretenimientos y, si las niñas imitaban a sus madres jugando a las casitas, ellos hacían lo mismo con las tareas de los padres: confeccionar arados, yugos, bueyes, barcos, camiones, tractores…

“Cogíamos las manadas de tiras de plataneras, que había de remojo en el estanque de Don Carlos Navarro y nos subíamos encima o las utilizábamos de flotadores, pa’ aprender a nadar.”
(Juan Vega Henríquez, 78 años, 15.03.2011)

Recuerdos de Las Pascuas en La Pardilla

“En casa de mi abuelo en La Majadilla, mi tía María empezaba a hacer las tortillas de carnaval el día de  Santa Lucía, las hacía una vez por semana y las estaba haciendo hasta el día de San José.

Las Pascuas empezaban ocho días antes de del nacimiento del Niño, íbamos caminando a misa a la Iglesia de San Juan, a veces llegábamos enchumbados de la lluvia, eran misas al amanecer.

No había grandes celebraciones, la noche del día 24 íbamos a misa del gallo a las 12 de la noche y luego a casita a dormir, no había ningún tipo de celebración. El día de Pascua mi padre mataba un baifo o una gallina y se comía. No había como ahora un montón de comida. Mi padre iba a la tienda del hermano Pancho en El Puerto, se llamaba La Portuguesa y traía turrones. Teníamos una parra de esas que llaman de tres frutos y siempre podíamos comer uvas para pascuas, pero no para fin de año, eso no se usaba. También comíamos naranjas, arroz con leche y tortillas de carnaval o rebanadas.

Por el año 1946 la cosa cambió un poco y comprábamos pasteles de carne en Ca’Rosalía en San Antonio y Ca’ Carmita ” La Majorera”. Yo aprendí con Dª Teresa Morales a hacer pestiños, bizcochos, queques, truchas, polvorones.

Lola Benítez tenía un horno de leña y allí hacíamos queques y bizcochos. Las truchas que hacíamos eran las de batata, después vino la moda de hacerlas de otra cosa, como mermelada, cabello, conserva de guayaba…

Había tres Belenes que eran muy bonitos: el que hacía Carmita Anselmo en la iglesia, el de Mariquita “La Coja” y el de Esperancita…

Carmen Peña González, 79 años.  27/11/2014

 

Recuerdos de Navidad en La Pardilla

“Nosotras íbamos a los belenes que organizaba Carmita Anselmo. Pasábamos la noche en casa de Carmita, para luego venir a representar el belén en la Misa del Gallo. Veníamos a las cinco de la mañana a la iglesia. Aún estaba la ermita y después se construyó la iglesia”.

Catalina Hernández Florido, 70 años. 28/03/2004

Belén de Roberto Demetrio, Navidad 2012
Belén de Roberto Demetrio, Navidad 2012

Adivinas

“¡Mira tú, señor hermanito,
la gracia de señor padre,
que se vino rengue, rengue
y se montó sobre madre!”
(El tuno)

“Tú de rodillas,
yo de cuclillas,
la raja al medio,
te hago cosquillas.”
(La cerradura)

“Vengo de arriba,
traigo deseo,
me levanto el traje,
le meto el dedo.”
(El bernegal)

“Yo soy chiquitita y mamé,
tuve patas y anduve,
ando sirviendo al revés
con la desgracia que tuve.”
(El zurrón)

“Tiene cola y no es caballo,
tiene corona y no es rey,
tiene dientes y no come,
atíname lo que es.”
(El ajo)

“Cortar sin tijera,
coser sin aguja,
da los pasos largos
y correr fortuna.”
(El barco)

“De remiendo soy vestida,
aunque mujer de importancia,
ando por España y Francia,
me dicen la lavandera,
no es por burlarse de mí.”
(La bandera)

Candelaria Rodríguez Pérez

Candelaria Rodríguez Pérez, 72 años.
La Oliva, Fuerteventura. 24/11/2014

Los Finaos

“Con nueve años, recuerdo ir a casa de mi abuelo Domingo Peña Ramírez, en el molino de La Majadilla. Cuando empezaba a caer la noche, en el patio se reunía la familia la víspera del día de Los Difuntos. Llevábamos manzanas francesas, nueces, castañas, higos pasaos, pan bizcochao, queso tierno y almendras. Los hombres bebían ron y las mujeres anís. Rezábamos el Rosario y se hablaba  de los fallecidos de la familia: de mi tía Juana López, mi abuela Isabel, mis bisabuelas Juana y Cha María Ramírez, y de una tía que falleció a los dieciocho años, mi tía Carmen. Recuerdo jugar con una maleta suya donde venía el azafrán y con sus muñecas (…). Al día siguiente íbamos al cementerio. Mi madre no iba, nunca fue, decía que ya lo visitaría cuando muriese”.

Carmen Peña González, 79 años. 31/10/2014

En la foto de Federico Rodríguez, Marisa, Saro y Mari Carmen escuchan con atención las historias de Carmen.
En la foto de Federico Rodríguez, Marisa, Saro y Mari Carmen escuchan con atención las historias de Carmen.

Las Ánimas reviven en Valleseco

Juan José Monzón Gil y sus alumnos del CEO Rey Juan Carlos I de Valleseco participaron dentro las XII Jornadas de Estudio sobre Folclore celebradas en La Pardilla el pasado 9 de mayo de 2014, presentando el proyecto que desarrollan en su centro con el nombre de Las Ánimas reviven en Valleseco.

Presentación del Proyecto

Muestra del trabajo realizado, acompañados de rancheros del Rancho de Ánimas de Valsequillo

Más información online en:

El culto a la muerte y los Ranchos de Ánimas en la sociedad tradicional de Gran Canaria

El pasado 8 de mayo de 2014, en el marco de la duodécima edición de las Jornadas de Estudio sobre Folclore de La Pardilla organizadas por la Asociación Cultural Tyldet, Francisco Suárez Moreno dio una conferencia bajo el título de “El culto a la muerte y los Ranchos de Ánimas en la sociedad tradicional de Gran Canaria”.

Para ampliar la información se puede acceder a los siguientes documentos y web online:

           – Vídeo         – Audios

XII Jornadas de Estudio sobre Folclore – Jorge Vega Peña

Entre el 5 y el 9 de mayo de 2014 se celebró en La Pardilla la duodécima edición de las Jornadas de Estudio sobre Folclore, en esta ocasión dedicada al Folclore musical en torno a la muerte en Gran Canaria.

Cartel de las Jornadas. 2014
Cartel de las Jornadas. 2014

 

Rancho de Ánimas en La Pardilla

La principal motivación que nos ha llevado a dedicar esta edición al Folclore musical en torno a la muerte en Gran Canaria es que en La Pardilla antiguamente tuvimos un Rancho de Ánimas y actualmente todavía conservamos el topónimo de Las Ánimas, tierras que fueron propiedad de la Cofradía de las Ánimas de San Juan Bautista de Telde, según referencia de D. Pedro Hernández Benítez.

Sebastián Jiménez Sánchez, el 21 de diciembre de 1951 escribe en el diario “Falange” un artículo sobre los “Ranchos de Ánimas”. Y dice, que en los antiguos Ranchos de Ánimas, su ranchero mayor llevaba colgada sobre el pecho, o bien en la mano, la imagen en lámina o tabla pintada, del patrono del lugar. En otro momento del artículo refiere que ha visto dos de estas tablas que se conservan en el museo particular de su amigo D. Pedro Hernández Benítez, párroco de San Juan Bautista de Telde. Continúa diciendo que una de esas dos tablas tiene la pintura de la Virgen de Los Dolores, de la Soledad o de las Angustias, que correspondió a un antiguo “Rancho de Ánimas” de la localidad de La Pardilla. Según él, esta tabla era conducida procesionalmente no sólo en las salidas de los mentados ranchos, sino también en los momentos de zozobra o intranquilidad de los vecinos de La Pardilla y Bocabarranco de Telde ante lluvias torrenciales y crecidas del Barranco.

Esto lo escribe el año 51, pero el Rancho había desaparecido probablemente en los años 20. Hemos visto en el libro de cuentas de la parroquia iniciado en 1914 y que acaba en 1934, una última referencia al Rancho de Ánimas donde se recoge el día 3 de febrero de 1928, una entrega de 36,50 ptas., hecha por Andrés Velázquez, reunido con el Rancho de Ánimas el día anterior (día de La Candelaria). Y otra referencia del día 7 de enero de 1926, donde la misma persona entrega 52 ptas. como limosna reunida en el Rancho de las Ánimas.

 

El carnaval tradicional en el Tabaibal de Telde

En la sociedad tradicional, el carnaval marcaba el fin del invierno y el inicio de la primavera. Eran, asimismo, los últimos días de juerga antes del retiro cuaresmal. Hombres y mujeres se vestían con ropas viejas y usadas (sábanas, sacos, cachorros, manteles…), sus caras las tapaban con una talega blanca, a la que se le hacían cortes a la altura de los ojos, nariz y boca. También solían ocultar sus rostros con una media vieja, un velo o un trozo de tela con encajes  a modo de antifaz e iban a pedir de casa en casa. Las mascaritas pedían tortillas de carnaval, perritas  o un huevo para hacer tortillas.  Nadie les debía conocer y la tradición dictaba que estaba prohibido tratar de quitar la tela que cubría el rostro. Cuando  alguien intentaba “descubrir la máscara”, arremetía con un palo o con la cesta donde guardaban los presentes.  En muchas ocasiones se juntaba un número considerable de personas formando los denominados “ranchos de máscaras”.

Así pues, en El Tabaibal se perdía durante un tiempo las férreas reglas sociales; la mentira y los juegos se teñían de connotaciones sexuales y los engaños  se convertían en toda la realidad posible. La  gente, escondida tras las máscaras, tal vez no actuaba como otra, sino como ella misma.

Tradicionalmente el Carnaval era una fiesta importante del período invernal, se centralizaba en tres días destacados: “Domingo , Martes de Carnaval y Domingo de Piñata”. Algunos informantes señalan que el día de Santa Lucía comenzaban a degustar las tortillas de carnaval y acababan el día de San José, estableciéndose así  un periodo mucho más largo para la celebración del carnaval.

Las mascaritas, en su mayoría hombres, se reunían en parrandas de amigos con guitarras, timples, laúdes, violines… para “correr los carnavales” por los pueblos, “dando la quintada” a conocidos y desconocidos con la famosa frase de  “¿me conoces mascarita?”.

En el Carnaval de este año vamos a intentar recuperar “la vaca del carnaval”, que desapareció de las calles de La Pardilla hace mas de 60 años. Se trata de un hombre, que ataviado con pieles de vaca, cornamenta y varios cencerros atados al cintura, salía el lunes de carnaval y recorría los pagos del pueblo persiguiendo a los vecinos que se divertían con sus aspavientos. Los más pequeños se asustaban al verle la cara pintada de negro.

El Carnaval finalizaba con la celebración del “Domingo de Piñata”, que consistía en celebrar un baile donde se ponía una piñata hecha con una talla de barro vieja  y rellena de pastillas y gofio.  Generalmente una mujer con los ojos vendados era la encargada de romperla, fueron muy afamados los Bailes de Piñata que se celebraban  en La Pardilla y en San Antonio.

Baile de Piñata, 2013. La Pardilla,Telde
Baile de Piñata, 2013. La Pardilla, Telde

Recuerdos de la Navidad en La Pardilla

CDOPIT

A mediados del siglo XX era conocida por todos la devoción que algunos de nuestros vecinos profesaban a estas fechas; podemos destacar a Esperanza Talavera, madre de la popular Esperancita, que durante muchos años fue la encargada de llevar a cabo la Representación de Los Pastores en el interior de la iglesia matriz de San Juan de Telde. Nosotros tuvimos acceso, mientras Esperancita vivía, a su libreta de apuntes.

Guillermito Santana, que vivió en Las Ánimas, lugar situado en la parte baja de nuestro pueblo, y que sirve para entender el porqué de este topónimo, era el encargado de salir en estas fechas con una “zambumbia” alegrando la navidad pardillera. Este acto se llevó a cabo hasta los años 20 del siglo XX.

Carmen Zacarías o Carmita Anselmo, estuvo durante muchos años preparando a los niños de su escuelita para que en nochebuena declamaran versos en el interior de la iglesia de San Isidro. Era asimismo la encargada de realizar un pintoresco belén del que disfrutaban mucho los más pequeños.

En Canarias aún podemos gozar de una variada y enriquecedora serie de actos tradicionales, que no cabe duda de que es un momento del ciclo del año donde confluyeron los ritos paganos y los cristianos.

Nosotros aún podemos degustar algunos de los productos navideños por excelencia, las truchas, los polvorones y almendrados que algunas casas de nuestro pueblo se esmeran en elaborar para que no caigan en el olvido.

Estas fiestas se han impregnado de individualismo, ahora las abundantes cenas y regalos, no nos permiten ver el verdadero origen de la navidad; la celebración colectiva de una de nuestras fiestas más arraigadas.

Pastorcillos de Carmita AnselmoPastorcillos de Carmita Anselmo. Años 50.  Foto: Suárez Robaina. Archivo CDOPIT